Esta historia comienza en un autobús, en 1955. Probablemente comience mucho antes, en algún otro lugar. Tal vez en un campo de algodón. O quizás en un barco que cruza el océano. Antes de eso, incluso. Es complicado, en realidad, decir cuándo, o dónde, comienza esta historia. Así que pongamos, por tener un punto de partida, que comienza en un autobús, en 1955.

Es 1 de diciembre, eso sí lo sabemos con certeza, y de todos los pasajeros de este autobús nos fijamos en una señora que viaja sentada. Más de una señora viaja sentada, seguro, pero a nosotros ahora no nos interesan las demás, sino ésta en concreto, que viaja sentada, cansada después de una larga jornada de trabajo, por ejemplo. Tampoco importa demasiado si la señora en cuestión está cansada o no, si viene de trabajar o de algún otro sitio. Esos detalles no cambian nada, después de todo. Lo que sí importa es que estamos en 1955, y que alguien, tal vez otro pasajero, o el conductor, o el revisor, si es que en este autobús de 1955 alguien se encarga de revisar los boletos -no podemos estar seguros de eso pero supongamos que sí, no es un dato importante para lo que nos ocupa, así que, entonces, el revisor-, se acerca a esta señora y le dice que debe ceder su asiento a otra persona. Es 1 de diciembre de 1955 y estamos en Montgomery, Alabama, Estados Unidos. La señora se llama Rosa Parks, y es negra, y le dicen que debe ceder su asiento a otra persona porque en Montgomery, Alabama, en 1955, entre otras cosas, los negros ceden el asiento del autobús a los blancos.

Tal vez Rosa Parks está cansada después de una larga jornada de trabajo, tal vez está cansada de vivir en una sociedad donde una señora negra, por el simple hecho de ser negra, debe ceder su asiento de autobús a cualquier persona blanca, por el simple hecho de ser blanca. O tal vez no está cansada, Rosa Parks. Al menos no más cansada que otros días. Tal vez hasta está más alegre de lo normal, antes de que el revisor le diga que tiene que viajar parada para que un blanco o una blanca viaje sentado. Quiero decir, nos da igual, para contar esta historia, el por qué Rosa Parks hace lo que va a hacer. Puede, incluso, que cualquier otro día las cosas hubieran sido diferentes, que Rosa Parks se hubiera levantado del asiento sin rechistar, o apenas protestando un poco, pero levantándose finalmente, triste, resignada, ofendida. Pero eso nunca lo podremos saber. Ni nos importa.

Lo que sí nos importa es que estamos en Montgomery, Alabama, Estados Unidos, en diciembre de 1955, y que una persona se acerca a Rosa Parks y le dice que debe ceder su asiento del autobús a un pasajero blanco. Lo que sí nos importa es que Rosa Parks, por el motivo que sea, ante el asombro del resto de pasajeros, blancos y negros, dice no. Rosa Parks dice no, esa es la clave de todo este asunto, y ese no es una chispa que se convertirá en llama, en fuego, en incendio, en largo y cálido verano. Una chispa que se extiende desde Montgomery, Alabama, a cada rincón de unos Estados Unidos donde la segregación racial es violencia cotidiana, aceptada, políticamente correcta. Una chispa que algunos intentarán apagar con odio y con muerte, en ocasiones casi hasta hacerla desaparecer, pero una chispa, al fin y al cabo. Y, a veces, una chispa es más que suficiente para acabar con la oscuridad.

Y nunca, nunca antes en la historia de la humanidad, la revolución sonó tan dulce como entonces…

Después de unas semanas de intensa actividad y muchísima música en vivo, con la presencia de algunas de las bandas más interesantes y más en forma de la capital, los perpetradores de este proyecto de agitación mental y desobediencia musical -esto es, Adrián Bernal, la voz que les habla, voz negra, de corazón, y orgullosa, y Andrés Papousek, padrino del soul y de las mesas de mezclas- vuelven a la soledad del monográfico para echar una mirada a la música del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, a la banda sonora de las luchas y los sueños de libertad de la población afroamericana de los USA durante gran parte del siglo XX.

¡Bienvenidxs!

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-20-22-febrero_md_1066822_1.mp3″
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comentarios
  1. […] Pues eso, que es un follón. A mediados de los sesenta me convertí en “black”: “Say it loud, I’m black and I’m proud!” En español siempre había sido de ese color, pero en inglés era distinto. Aceptar lo negro de la […]

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