Archivos para marzo, 2012

«Maleta, la mínima. Cámara, casco y chaleco. El vuelo Madrid-Malta cuesta 80 euros. Más barato que un fin de semana en la playa.

Dos días más tarde aterrizamos en La Valeta con ese número de teléfono y la garantía de que la recomendación que llevo bajo el brazo nos asegura, al fotógrafo Ricardo García Vilanova y a mí, una plaza en un barco con destino a la ciudad sitiada.

Esperamos una semana rodeados de mochileros frente al Mar Mediterráneo. El hostal, barato, a 10 euros por noche. Pese a las miradas furtivas y las conversaciones irónicas y siempre entrecortadas con un par de turistas suecas vecinas de habitación con las que compartimos varios desayunos, nuestra fijación por las noticias de Al Jazeera puede más que la posibiidad de descocarse. Caen pizzas y cervezas, y dejamos pasar los días domesticando la ansiedad mientras caminamos por la ciudad con el ordeandor bajo el brazo, buscando cafés con wifi en los que engancharnos durante horas a cualquier información que salga de Misrata. Al Twitter rebelde o al Facebook de algunos fotógrafos y periodistas como André Lion y Alberto Pradilla, que duremen en el hospital de la ciudad y cuentan, en 140 caracteres o a través de lacónicas actualizaciones, el horror en el que viven. Del que casi todos, a estas alturas, esperan salir cuanto antes. Ni quieren oír hablar de alargar su estancia para encontrarse con nosotros. El mismo barco que nos meta a nosotros en la ciudad les sacará a ellos. Somos el relevo.»

Hola a todos y a todas. En este miércoles 28 de marzo, los perpetradores de este proyecto de agitación mental y canciones de trinchera que es La música es la clave, esto es, Adrián Bernal, al guión y al micro, y Andrés Papousek, en los controles, tenemos la suerte de contar en el estudio con la presencia del periodista Alberto Arce, autor, entre otras cosas, de To shoot an elephant, el documental sobre la operación Plomo Fundido, los bombardeos sobre la Franja de Gaza por parte del ejército israelí durante enero del año 2009 (que proyectamos esta semana en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa dentro del Ciclo de Cine Creative Commons), o Misrata calling, libro sobre sus experiencias como freelance y periodista empotrado con los rebeldes durante la reciente Guerra de Libia, y con el que abrimos el programa de hoy.

Así que, sin más ni menos, arrancamos.

¡Bienvenidxs!

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Escucha el programa en el reproductor que está justo arriba de estas líneas o descárgatelo aquí (botón derecho sobre el enlace y “guardar enlace como”).

Hay quienes, para ser escuchados, callan.

Hay quienes, para ser vistos, se tapan la cara.

Hay quienes, para ser nombrados, renuncian al nombre.

Hay quienes, para llegar lo antes posible a destino, caminan a paso de caracol.

Esta historia comienza el día de Año Nuevo de 1994, en el sureste de México. En ese 1 de enero entra en vigor el llamado Tratado de Libre Comercio de América del Norte, o NAFTA, por sus siglas en inglés, que relaciona económicamente a Estados Unidos, Canadá y México. Como todos los Tratados de Libre Comercio de la historia, éste, el de la nuestra, está afectado por un pequeño problema: de libre tiene poco. O al menos no es libre en todas las direcciones. Como casi siempre, la libertad se ejerce, básicamente, desde arriba hacia abajo. En otras, palabras, este Tratado de Libre Comercio de América del Norte da libertad a los países ricos para hacerse más ricos, mientras empobrece todavía más a los pobres, perpetuando, aunque con flamantes nombres nuevos, unas relaciones de desigualdad que, al menos en esta parte del mundo, existen desde cinco siglos atrás. Cinco siglos que los indios americanos –que ni eran indios ni se llamaban así mismos americanos, antes de la llegada de los europeos- denominan “la larga noche”. Y para acabar con la noche, ya hemos hablado de esto en varias ocasiones, hacen falta chispas.

La chispa de esta historia no es nueva ni reciente; la llama de esta historia no se apagó, continuó viva, durante años y años, pero, por empezar en algún momento, digamos que esta chispa prende el mismo día que entra en vigor el Tratado de Libre Comercio; ese mismo 1 de enero de 1994, en la región mexicana de Chiapas, en el sur del sur de esa América del Norte. Un grupo de indígenas se alzan en armas contra el ejército mexicano, contra el NAFTA y contra todos esos siglos de pobreza, de desprecio, de invisibilidad. Y para ser visibles, ocultan su rostro; para ser nombrados, renuncian a sus nombres. Todos somos Marcos, dicen. Todas somos Ramona. Para todos todo. Tras semanas de escaramuzas con el ejército mexicano, la lucha armada irá dando paso a nuevas formas políticas, a un nuevo zapatismo que, desde las reivindicaciones de siempre, y a pesar de todos sus fracasos, ha sabido construir nuevos espacios, físicos pero también simbólicos, nuevas realidades y posibilidades en un mundo cada vez más gris y con menos alternativas. Nuevos sueños para soñar, y nuevas músicas para tocar.

 

Casi un siglo después de su muerte, quién lo iba a decir, Zapata seguía vivo, en la selva.

En el programa de esta semana, los perpetradores de este proyecto de agitación mental e insurgencia sonora que es La música es la clave, esto es: Adrián Bernal, al guión y al micro, y Andrés Papousek, en la mesa de mezclas, viajamos, como sólo la radio permite viajar, hasta el departamento mexicano de Chiapas para ponerle banda sonora a uno de los movimientos fundamentales para entender las luchas sociales que han tenido  lugar durante las últimas décadas: el zapatismo, movimiento que si bien en sus orígenes comenzó aproximándose, al menos en forma, a la tradición marcada por las guerrillas latinoamericanas que fueron apareciendo a lo largo del siglo XX, pronto se destapó como un proceso nuevo, como una nueva manera de reescribir la utopía a partir de unas reivindicaciones históricas negadas por el poder durante siglos a sangre y fuego. Mucho más cercano a los movimientos sociales que a la lucha armada, el neozapatismo, que arranca con el levantamiento del EZLN, Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, el 1 de enero de 1994, marcó el comienzo de una serie de protestas y movilizaciones en todo el mundo que, contra la globalización de la economía, abogaban por la globalización de las resistencias, mezclando lo local con lo internacional, recuperando lo social como eje de lo político y amalgamando sensibilidades como nadie hacía desde los movimientos revolucionarios de los años ’60 y ’70.

Así que sin más ni menos arrancamos.

¡Bienvenidxs!

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-23-21-marzo_md_1122261_1.mp3″

Todo incendio comienza con una chispa. No necesariamente toda chispa acaba en incendio, cierto. Pero algunas chispas sí se convierten en llamas, pasan a ser fuegos y resultan, finalmente, incendios.

La chispa que enciende esta historia salta en la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos, el 25 de marzo de 1911, hace ya más de un siglo. Esa chispa, sin duda, fue finalmente incendio. Y es que hay incendios difíciles de apagar. Algunos incendios son accidentales, otros provocados. Algunos incendios arden en sentido figurado, en otros el fuego no tiene nada de metafórico, otras veces lo literal y lo literario van de la mano. Esos son los que más calor dan.

En los incendios a veces se queman cosas, otras veces edificios -como el mercado de Comayagüela, por ejemplo-, otras veces se queman personas, éstas últimas casi siempre víctimas -como en el penal de Comayagua el pasado febrero-; pero también a veces las personas son verdugos de ellos mismos, en un desesperado y último acto de dignidad, como los monjes bonzo, prendidos en llamas, prendidos en llamas y aún así aguantando la postura del loto hasta prácticamente desaparecer en el fuego, en sus protestas contra la invasión de los USA en la guerra del Vietnam; o como Mohamed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló a finales de 2010 como forma de protesta contra la dictadura en su país, contra la falta de oportunidades, contra la violencia cotidiana de la policía y el estado, y con su muerte encendió la primavera, la árabe y la de otras partes, e incendió la rabia de todo su pueblo, rabia que, como la pólvora, recorrió el norte de África, Oriente Medio, Europa, América, el mundo…

No es esta historia un intento de reivindicar el sufrimiento o el martirio de nadie, ni mucho menos. Es tan sólo una reflexión sobre cómo, a veces, las cosas necesitan, para bien o para mal, tanta luz para salir de la oscuridad que arrasan con todo a su paso. Pero eso no es más que la chispa, en realidad. Lo que dure la luz, lo que dure la llama, dependerá de lo que hagamos a continuación del incendio; dependerá de si lo dejamos morir o de si lo avivamos para que incinere toda injusticia, toda desigualdad, toda falta de libertad.

En el caso del incendio que nos ocupa, este incendio del 25 de marzo de 1911 en Nueva York, también se incendiaron varias cosas al mismo tiempo: se quemó un edificio, una fábrica de camisas, en concreto, y en ese incendio murieron 146 trabajadoras, la mayoría jóvenes, la mayoría inmigrantes, la mayoría pobres. Todas mujeres. En un momento de incipiente pero ya intensa lucha de las mujeres por sus derechos este incendio fue la chispa que alimentó el fuego durante más de un siglo de caminar tras la igualdad, la justicia y la libertad. Luego vendrían más chispas, más fuegos, más incendios. Con este texto intentamos humildemente realizar un más que merecido homenaje a las mujeres que encendieron el fuego, y a las que mantienen la llama encendida. Llama que hasta día de hoy sigue viva, por mucho que haya quien la quiera apagar.

 

En el programa de esta semana, emitido en vivo y en directo no desde el estudio sino desde el mero Centro Cultural de España en Tegucigalpa -como es habitual cada primer miércoles de mes-, los perpetradores de este proyecto de agitación mental y boicot sonoro a las buenas costumbres, lo políticamente correcto y, en general, las palabras amables que es La música es la clave, esto es, Adrián Bernal, al guión, el micro y los cócteles molotov en formato audio que son las rolas que pinchamos; y Andrés Papousek, en la parte técnica, controlando el fuego, manejando la mesa de mezclas como si fuera el carro de Mel Gibson en Mad Max, como los bomberos de Fahrenheit 451, dedicándonos a avivar, a través de la música, cualquier incendio que implique ser y sentirnos un poco más libres cada día, tenemos el enorme placer de contar en la CCET Radio con la presencia de una de las voces más potentes, por su forma de cantar y por su discurso, de estas Honduras, Karla Lara, con quien platicamos sobre música y luchas sociales.

Así que, sin más ni menos, arrancamos con el incendio de hoy.

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-22-7-marzo_md_1096341_1.mp3″

¡Bienvenidas!

Se murió Spinetta ¿sabés? De un cáncer. De pulmón, creo. A principios de febrero. 62 años, tenía. No es que fuera un chaval pero, che, siempre se van los mejores… Todavía le quedarían canciones entre las cejas, estoy seguro. Hoy en día con 62 años ya no es uno tan mayor, casi se puede decir que es una edad de oro para un músico, para un intelectual, como era él… En fin, qué lástima, siempre se van los mejores… Ya se podía haber muerto cualquier otro, no sé, Menem, por ejemplo, en vez del Flaco, digo yo… Míralo, tendrá ya más de 80 años el viejo y ahí sigue, haciendo política, o lo que sea que haga… Ya se podía haber muerto él, en vez de Spinetta…

 

Qué relación de ideas más rara hice, ahora que lo pienso ¿no? Quiero decir, no sé por qué he pasado del Flaco a Menem, la verdad… Del rock a la política… Qué tendrá que ver… Me parece que soy yo el que ya está un poco viejo… Al final será verdad que los años pasan, y pesan, ya lo creo… Aunque, por otro lado, tal vez no sea tan raro, ¿no? Pasar de Spinetta a Menem, digo. Del rock a la política. El rock fue un poco una forma de hacer política, durante todos aquellos años. Había pocas más. Antes de Menem, con las dictaduras militares, las Juntas, todo eso, me refiero. El rock fue nuestra forma de soñar, de sacarle luz al gris en el que vivíamos ¿verdad? Qué buenas bandas. Qué buenos toques. ¿Te acordás? Sui Generis, Almendra, Pescado Rabioso, Los Abuelos de la Nada, Serú Girán, Gieco, García… Parecía que, a pesar de todo, se podían cambiar las cosas, ¿verdad? Que nosotros podíamos cambiar las cosas, a pesar de los tiempos que corrían, que se podía salir de aquella mediocridad, que había algo, al otro lado, que merecía la pena. Y los ’80, a pesar de la guerra, a pesar de todo ¿recordás la intensidad de los ’80? Todo era nuevo. Sobre todo la música. Sin duda la música era política, entonces, me doy cuenta ahora. Hacía tiempo que no pensaba en eso, pero ahora, con los años, lo veo más claro. Parecía que podíamos cambiar las cosas, ya lo creo. Y al final cambiaron, ¿verdad? Al final lo logramos…

¿Cómo? Ehhh, sí, en realidad tenés razón… Al final las cosas cambiaron, pero poco tiempo. Sí, ahora que lo pienso, lo cierto es que nos mintieron, nos engañaron. Del todo. Y no sólo gente como Menem, ¿verdad? Aunque al principio puede que le doliera a algunos, tal vez esperaban otra cosa de él, tal vez se creyeron el cuento; pero en cierta forma a Menem se le veía venir, aunque lo del indulto fue terrible. Lo del indulto fue terrible, sí, pero le reeligieron, ¿verdad? De qué nos vamos a quejar después, si a Menem lo reeligieron, lo reelegimos. No, yo no le voté, es una forma de hablar. Pero, bueno, a Menem se le veía venir, al menos yo siempre pensé eso. Pero antes de él, con Alfonsín, ¿acaso Alfonsín no nos engañó, también? Sí, se engañó a sí mismo, puede ser. Pero sobre todo nos engaño a nosotros. La verdad, nos han engañado siempre, creo. Todos. Y así nos va. Sí, ahora estamos mejor que hace diez años, eso seguro, no te lo voy a negar. Pero ¿por cuánto tiempo? Yo ya no me creo nada, si te soy sincero, ya estoy viejo para pendejadas. Ahora nos va mejor, sí, pero ¿cuánto tardaremos en tener otro Corralito? Bueno, igual exagero, puede ser, no sabría decirte, pero mira la crisis actual. No sé, no sé…

Hablando del Corralito, ¿te acordás de lo que se gritaba en las manifestaciones, entonces? El pueblo no se va, gritaba la gente, a pesar de las cargas y los disparos de la policía. El pueblo no se va. Qué lindo, ¿verdad? El pueblo no se va, que se vayan ellos, decían, decíamos. Sí, estuve en alguna que otra pero, vamos, ya te digo, es una forma de hablar, la costumbre… Que se vayan todos. Creo que esa frase resume a la perfección la historia reciente de este país ¿sabés? Puede que la historia de todos los países. Que se vayan todos. Ya lo creo.

 

Sí, que se vayan todos. Y no regresen. Que se vayan todos.

Pero que nos devuelvan a Spinetta, carajo

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-21-29-febrero_md_1078979_1.mp3″

Hola a todas y a todos. Después de zambullirnos la semana pasada en la música del movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, los perpetradores de este proyecto de agitación mental y guerrilla sonora que es La música es la clave, esto es: un servidor, el Camarada Bernal, combatiendo cuerpo a cuerpo al guión y al micrófono, y el Subcomandante Papousek, responsable de artillería y de mesas de mezclas, se complacen en regresar a la Pampa para retomar el monográfico que comenzamos allá por el mes de enero sobre rock argentino.

Así que, sin más ni menos, retomamos esta historia aproximadamente donde la dejamos.

¡Bienvenidxs!