Posts etiquetados ‘jazz’

«A fines de los años cincuenta llegó la new thing, que para nosotros fue la liberación de los sonidos. También lo llamaban “free jazz”, por el título del álbum de Ornette Coleman, pero las etiquetas eran cosas de blancos. Criticábamos hasta la palabra “jazz”, para nosotros era “la música”, y punto. Ornette llega a la ciudad con su saxo de plástico, y junto con él, Don Cherry con esa trompeta ridícula, una Conn de 1889 que parece que la hubiera arrollado un tren, los pistones siempre a punto de saltar. Hacía rato que tíos como Cecil Taylor montaban el pollo, pero fue el cuarteto de Ornette en el Five Spot lo que nos destapó los oídos…

Parecía una pelea entre perros, más bien los instantes previos a una pelea entre perros, los puedes oír a la vuelta de la esquina y te imaginas lo que ocurre, los dueños que tiran de las correas y llaman a los perros, y estos que muerden el aire, quieren saltar el uno sobre el otro, se retuercen, gruñen, ladran, babean, y las voces de los dueños regañándolos, haciendo ejercicio con los bíceps, hablan a los perros como si fueran humanos pero en el fondo no se la creen, recitan, en realidad están orgullosos de la fuerza y de los cojones de sus bestias, sonríen bajo el bigote…

Después del cool aparecieron los nuevos boppers, los “duros”, y ellos no tenían problemas, hacían honking, Trane también, aunque había tocado Rhythm & Blues. Los bramidos de Trane barrieron con el jazz de señoritingos en la West Coast, gente como Stan Getz, Shorty Rogers… Para mí ése es el sonido de la Creación. Es primordial. Si Dios existe, tiene que ser un honker viejo estilo, tipo Bull Moose Jackson, Eddie Chamblee, Jim Conley, Wild Bill Moore… Estoy seguro, tiene un traje blanco reluciente y toca un saxo tenor…

Mejor dicho, es probable que lo hagan a posta, que pasen cerca de otro perro cada vez que pueden, para divertirse. Así era la nueva música al principio: el saxo de Ornette y la trompeta de Don Cherry eran los perros, ellos llevaban las riendas de la música pero dejaban que los ladridos la invadieran, la transformaran de punta a rabo. Prestando atención, allí dentro oías el bop, oías a Bird y Diz, Monk y Miles, y más atrás oías a Duke, y Satchmo, y Jelly Roll con toda la Basin Street, y también Buddy Bolden, que nunca nadie lo ha oído tocar, y los spirituals, el gospel de las iglesias baptistas, el blues del Delta, el pacto con el diablo de Robert Johnson, los chorros de saliva de la armónica de Sonny Boy… Aún más atrás y aún más adentro oías la esclavitud, algo quebrado, el último redoble de tambor antes de que tu antepasado fuese capturado y cargado en un barco, oías a los negros cabreados… Claro que estaban cabreados: el escenario del Five Spot estaba justo delante del retrete, casi siempre atascado. Difícil ignorar el tufillo de la mierda, man

El 57, año del “despertar espiritual” de Trane. Miles lo echa del grupo porque iba colocado y colgado todo el tiempo. Trane decide cortar por lo sano: deja de picarse de buenas a primeras, se mete a hacer “pavo frío” en Filadelfia encerrado bajo llave en un cuarto. Luego lleva a su familia a Nueva York, graba con Monk y empieza a tocar con él en el Five Spot. Las primeras noches le cuesta, las pasa moradas, pero poco a poco mejora, mejora aún más y al final, joder… Al final es indescriptible…

Monk era Miguel Ángel, esculpía el aire, quitaba todo lo que no se asemejara a la música que tenía en la cabeza. Esos acordes que no entendías lo que eran, las notas que parecían jugar al escondite y asomaban detrás del piano para sorprenderse mutuamente, y Trane entendía, con los solos completaba las esculturas, hacía despuntar un brazo, una pierna. Como un sonar, las notas rebotaban sobre objetos invisibles y revelaban sus contornos. De noche me perdía en esos espejismos, dormía como mucho tres horas pero estaba en la gloria, me ponía a trabajar y no se me escapaba nada, coño, el mundo pendiendo de un hilo…

En nuestra música había demasiadas cosas para un solo par de oídos. El mar que separa de África, caracola en la oreja y escucharla allí en el fondo, África, y los cats in the street se transforman en leones, panteras, guepardos que se comen el jazz de los blancos, carroña con el cogote desgarrado volcado en la sabana. Cecil Taylor, enorme macaco, machacaba el piano con las cuatro manos. Albert Ayler, tromba de aire que embestía el funeral de Nueva Orleans. Cuando se lanzó Trane los cats fueron detrás y él fue por más, y llevó todo más allá

 

He cambiado de nombre tantas veces. Fui “africano” y “negro”, que en español se entiende pero no en inglés. Luego fui “de color”. En los años veinte volví a ser “negro” pero con mayúscula. “Negro”. Sólo que los blancos no pronunciaban “nee-grow” sino “nigrah“, que sonaba casi como “nigger” y tenía que esperar hasta la segunda sílaba para saber si me estaban insultando. Por otro lado, “nigger” era una deformación de “negro”. ¿Cómo se traduce “nigger” en italiano? “Negro”. ¿Y cómo se traduce “negro”? “Nero”. Pues eso, que es un follón. A mediados de los sesenta me convertí en “black”: “Say it loud, I’m black and I’m proud!” En español siempre había sido de ese color, pero en inglés era distinto. Aceptar lo negro de la piel y del pelo, superar el complejo de inferioridad: “es bello ser black”. Con todo, a veces me llamaba “afroamericano” o “africano americano”. Los blancos no tenían ni idea, cómo tenían que llamarme. Aparte de “nigger”, claro. Tampoco los hermanos, ni siquiera ellos sabían cómo llamarse: los viejos eran “de color”, los de media edad o clase media eran “Negros”, los más jóvenes y militantes eran “blacks” o “afromericanos”. Mientras tanto, entre nosotros seguíamos llamándonos “nigger”, es más, “nigga”, pero no como cuando lo dice un blanco. O mejor dicho, a veces sí y a veces no. Es un follón, hombre, ya te lo he dicho. Hoy hay quien me llama “africano de la diáspora”, o “africano” y punto. Después de cuatrocientos años, el círculo se cierra.

Trane tocaba cada nota de blues como si Dios la llevara en palmas, y pensar que los críticos blancos -y todos los críticos eran blancos- lo definían “anti-jazz”. Junto a Miles ya se había lanzado en las improvisaciones modales, a la Kind of Blue, improvisaban librados de las habituales progresiones de acordes, libres, después Trane formó el cuarteto “clásico”: él al saxo, McCoy Tyner en el piano, Jimmy Garrison al bajo, Elvin Jones en la batería. La mejor máquina musical que jamás haya visto en acción. Al final traspuso las notas, de su saxo salían rebuznos aullidos chillidos mugidos rugidos ladridos, Madre Naturaleza se quitaba de encima la música de los blancos con sus coqueterías de mierda. Nuestra música eran las voces de los babuinos y de los macacos, era un gibón que grita colgado en la rama. El jazz libre

Hola a todos y a todas. Están escuchando una nueva edición de La música es la clave, el programa sobre música con conciencia, sobre música como arma cargada de futuro, sobre música, en definitiva, libre de la CCET Radio, la emisora online del Centro Cultural de España en Tegucigalpa, sonando a través de la url http://www.ccet-aecid.hn, como cada miércoles, de 3 a 4 de la tarde.

En el programa de esta semana, realizado por un servidor, Adrián Bernal, también hoy a los mandos de la mesa de sonido, repasamos uno de los periodos, aunque breve, más intensos de la historia de la música contemporánea, el free jazz, el jazz libre o, como lo llamaban sus más acérrimos seguidores: The New Thing, la cosa nueva. Esta New Thing, este jazz libre, fue para la población afroamericana de los Estados Unidos el equivalente musical del Black Power en lo político y social: un discurso radical, sin concesiones, en búsqueda franca y total de la libertad de y para un pueblo oprimido durante siglos por el hombre blanco.

Tenemos que comentar que la mayoría de los textos que aliñan este programa no son de cosecha propia, como es habitual, sino que están tomados de la novela New Thing, del colectivo Wu Ming (que siginifica literalmente, “anónimo”), un experimento de autoría colectiva y conocimiento libre nacido en Italia a principios de este siglo XXI y heredero del proyecto Luther Blisset, un personaje múltiple bajo el que se esconden cientos de acciones contraculturales llevadas a cabos por decenas de actores diferentes en todo el mundo, especialmente utilizado en la segunda mitad de los ’90 dentro del contexto del movimiento antiglobalización.

Sin más ni menos arrancamos.

¡Bienvenid@s!

Para escuchar el programa clica en el reproductor de arriba o descárgatelo aquí (botón derecho y “guardar como”).

Woody Guthrie, el cantante estadounidense de música folk, tenía sobre su guitarra una inscripción que rezaba “Esta máquina mata fascistas”.

Guthrie era un izquierdista convencido, un pobre del sur de los USA, basura blanca, white trash que había abrazado las luchas de todos los pobres; un enemigo declarado de un fascismo que amenazaba con dominar el mundo; a fin de cuentas, un luchador enfrentado contra todo tipo de opresión. A pesar de lo impactante de la frase, no se trataba, en realidad, de asesinar a nadie. Las guitarras no matan, pero sí pueden disparar. Ese “This machine kills fascists” hablaba de recuperar la música como herramienta de transformación, como instrumento de cambio, como, tal vez les suene, arma cargada de futuro. Como luz en la oscuridad.

El pasado sábado tuve la suerte de poder asistir a uno de esos conciertos donde la música ilumina la noche, donde las canciones se transforman en experiencia colectiva, donde los límites entre el escenario y el público se difuminan casi hasta desaparecer. Y la gente, los músicos y el público, marchan con la sensación de que algo ha cambiado. Son pequeños cambios, tal vez, pero indudablemente algo ha cambiado. Regresé a casa pensando en eso (no regresé directamente, claro, pasé antes por un montón de lugares que, la verdad, no vienen al caso…) y, no sé por qué, me acordé de Woody Guthrie y se me ocurrió que tal vez podría empezar el programa de hoy hablándoles sobre esto.

Hay quienes dicen que una canción no puede cambiar el mundo. Tal vez tengan razón. No seré yo quien se atreva a decir lo contrario, quien intente algo tan pretencioso como cambiar el mundo con una canción, o un disco. O incluso cambiar el mundo, a secas. Sólo sé que la música me ha salvado del abismo tantas veces que me faltarían dedos en las manos y en los pies para contarlas.

Tal vez la música no pueda cambiar el mundo. Yo sólo sé que el mundo tampoco podrá cambiar nunca la música, la que nace de las tripas y el corazón. Tal vez no sea cuestión de cambiar el mundo. Tal vez baste con cambiar la calle en la que vivimos. Tal vez debamos cambiar nosotros y nosotras primero, antes de poder hacer nada de todo lo anterior. Y eso, ayudarnos en este viaje, sí puede hacerlo la música. Tal vez sea la única que pueda. Con esa certeza y esa esperanza arrancamos.

Música o barbarie. Venceremos.

En el programa de hoy recuperamos la segunda parte del concierto que Karla Lara e Hibriduz Jazz Band dieron el pasado 9 de julio en el Centro Cultural de España.

Además suenan: Sikiatriko, Tokyo Ska Paradise Orchestra, Pez Luna y Sol Caracol.

¡Bienvenid@s!

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-10-23-noviembre_md_908179_1.mp3″

En el programa de hoy nos salimos, en cierta manera, de la línea que hemos marcado durante los anteriores La música es la clave, esto es, de la narración a través de la música de diferentes movimientos sociales, acontecimientos políticos y procesos históricos, para ofrecerles una verdadera joya sonora: el concierto de inauguración de la gira “Cuando las palabras”, de Karla Lara e Hibriduz Jazz Band, que tuvo lugar en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa el pasado 9 de julio de este mismo 2011. En este programa, por motivos de espacio, emitimos aproximadamente la mitad de ese concierto, y dejaremos lo que queda para un próximo programa.

Los propios artistas describían este cruce de caminos de la siguiente manera: “Una fusión de trova y jazz latino, canciones inéditas en las que todos los instrumentos desde la voz hasta los vientos, pasando por las cuerdas, el piano y la batería… dicen cosas… transformando las palabras en ritmo, en cadencia, en disonancias, como disonante es la… América Latina de dónde venimos, rehaciéndonos, refundando las palabras, lo que ellas significan y los contextos en que se nombran”…

¡Bienvenid@s!

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-6-26-octubre_md_868903_1.mp3″