Posts etiquetados ‘la música es la clave’

Empecemos por el final. Una rola de Bob Marley que habla de la esclavitud, la de los barcos y la de las mentes, tocada en su momento al ritmo de un Dylan caribeño, y tocada en esta ocasión al ritmo de un Woody Guthrie con chumpa de cuero. Marley la escribió al final de su vida: “Redemption Song” se publicó en 1980, en el álbum Uprising, un año antes de la muerte del músico jamaicano; Strummer la versionó para su disco Streetcore, que vio la luz de manera póstuma, un año después de la muerte del cantante de los Clash. El reggae, el punk, el rocanrol, el blues, la música como botella a la que aferrarse para sobrevivir al naufragio, las canciones como forma de redención y de libertad, como armas cargadas de futuro, aunque parezca que no hay ningún futuro, como clamaban los Sex Pistols. No future, porque el futuro que los poderosos quieren para nosotros no nos sirve. No future, porque el futuro está por escribir.

En La música es la clave de esta semana recordamos que un veintidós de diciembre, en concreto el de hace diez años, en 2002, fallecía el corazón de “la única banda que importa”: Joe Strummer, icono del punk británico, voz de los Clash y uno de los grandes referentes vitales de un servidor, todo hay que decirlo.

Están en casa.

Bienvenidxs.

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En el programa de esta semana fijamos la mirada y las orejas en Woody Guthrie, uno de los grandes referentes de la música contestataria del siglo XX y uno de los grandes referentes, también, de La música es la clave, pues Guthrie no es otro que ese músico con traje a rayas, como de presidiario, que aparece en las fotografías que utiliza este programa como avatar en las redes sociales y en el blog. Woody Guthrie, el trovador que recorrió el sur y el norte del norte, el este y el oeste de los Estados Unidos a través de caminos polvorientos y viejas canciones y puso voz y música a los sin voz de la zonas olvidadas de los USA, a los inmigrantes, a los pobres, a los explotados, a la llamada white trash, la “basura blanca”, que vivía la periferia del sueño americano.

Woody Guthrie, ese músico que cantaba a los desheredados, a esa otra América deprimida que tan bien reflejaron los escritores de la llamada “generación perdida”. Ese músico que dejó como gran legado el “esta tierra es tu tierra”. Ese músico que llevaba grabado en su guitarra: “esta máquina mata fascistas”.

Woody Guthrie

Woody Guthrie

Esta tierra es tu tierra. Este mundo es tu mundo. Este programa mata fascistas.

Están en casa.

Bienvenidas.

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En el programa de esta semana de La música es la clave entrevistamos a Albert Recasens, músico, musicólogo, gestor cultural y curador de “A tres bandas: mestizaje, sincretismo e hibridación en el espacio sonoro iberoamericano”, exposición organizada por Acción Cultural Española y que estará en el Centro Cultural de España en Tegucigalpa hasta el próximo mes de enero.

¿Qué es mestizaje? ¿Y tú me lo preguntas?

Mestizaje eres tú.

Bienvenid@s.

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En La música es la clave de esta semana recordamos a ritmo de nueva canción y punk aquel fatídico 11 de septiembre de 1973 en Chile. Treinta y nueve años han transcurrido, pero todo está guardado en la memoria.

Están en casa.

Bienvenidas.

Venceremos.

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Tras nuestro paso la anterior semana por la Biblioteca Nacional Juan Ramón Molina, donde grabamos el programa de manera conjunta con nuestra amiga Evelyn Cabrera y el programa Culturópolis, volvemos a la normalidad y les saluda de nuevo en solitario, al guión, al micro y a la parte técnica un servidor, Adrián Bernal, retomando el hilo del programa del pasado 15 de agosto, en el que hablábamos del músico nigeriano Fela Kuti y de la música afrobeat, esa fusión del jazz y el funk con la música tradicional yoruba y las ansias de libertad de los pueblos africanos. Así que, sin más ni menos, arrancamos, aproximadamente, donde lo habíamos dejado.

Están en casa.

Bienvenid@s.

http://www.ivoox.com/musica-es-clave-5-septiembre-2012_md_1440103_1.mp3″

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La libertad tiene muchas formas. La libertad tiene muchos sonidos. La libertad tiene muchas músicas. La libertad es muchas músicas: el blues en los campos de algodón del sur de los Estados Unidos; el soul en el movimiento por los derechos civiles; el free jazz en el black power; el reggae en la pequeña Jamaica, musicalizando la liberación de la isla caribeña del Imperio Británico; el punk en las calles de Nueva York o Londres, reclamando rabioso el retorno del rocanrol, de la música, de la vida a la clase obrera; el hip hop en cualquier gueto del planeta… Y así podríamos seguir durante días y días, enumerando las manifestaciones musicales que las luchas sociales, que la libertad, ha tenido a lo largo de la historia. En el caso que nos ocupa, viajamos a principios de los años ’60 del pasado siglo, al sur de Nigeria, para visitar el nombre que la libertad y la música (si es que no son la misma cosa) tuvieron en ese tiempo y lugar: el afrobeat, la fusión de las grandes bandas de jazz y funk con los ritmos tradicionales de la música yoruba; el afrobeat, probablemente la música más representativa de la liberación de África, de la descolonización y del pensamiento panafricanista; el afrobeat, o lo que es lo mismo: Fela Kuti.

Hola a todos y a todas. El programa de esta semana de La música es la clave, planeado para la semana pasada pero inevitablemente aplazado por la muerte de la grandísima Chavela Vargas, lo dedicamos a la figura de uno de los músicos más influyentes de la historia reciente, Fela Kuti, y al afrobeat, el estilo que Kuti prácticamente inventó al fusionar la black music procedente de los Estados Unidos, especialmente el funk-jazz de las grandes bandas de los ’60, con ritmos propios de los yoruba, grupo étnico de casi 40 millones de personas que habita Nigeria y otros países del occidente africano y que fue una comunidad profundamente afectada por la diáspora provocada por las prácticas esclavistas de las naciones europeas. Las aportaciones de Fela Kuti, precisamente, a la música universal no quedan únicamente en el aspecto sonoro, sino que además el músico nigeriano entendió el afrobeat como un arma fundamental en las luchas de los pueblos oprimidos.

Así que sin más ni menos arrancamos. Están en casa.

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En La música es la clave de esta semana viajamos hasta la Inglaterra de finales de los años ’70 y principios de los ’80 para revisitar la propuesta musical, y todo lo que eso conlleva, del two tone, los dos tonos: la fusión de los ritmos jamaicanos que habían aparecido en los años ’60 en la isla caribeña con la actitud punk que desde el neoyorquino barrio de Queens, con Los Ramones, había llegado a las calles de Londres en la explosión del ’77, con bandas como The Clash, The Sex Pistols o The Jam.

Pero no sólo fusión de músicas, sino también de resistencias: por un lado, el ska y el reggae eran el idioma de los inmigrantes jamaiquinos, los rude boys, los tipos duros que llegaban al Reino Unido, que seguía y sigue ejerciendo de metrópoli aunque Jamaica se independizara en 1962, en busca de oportunidades; por otro, el rock sucísimo de la clase trabajadora inglesa, enfadada y ruidosa, violenta y profundamente orgullosa de su condición obrera. De fondo: una crisis económica brutal y el fascismo neoliberal de Margaret Tatcher haciéndose cada vez más fuerte. Contra esa Inglaterra gris se rebeló este two tone, este blanco y negro que, si bien fue breve, dejó para la posteridad una época irrepetible, tanto en la música como en la vida, si es que estas dos cosas no son la misma cosa.

Están en casa.

Bienvenid@s.

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En La música es la clave de esta semana tenemos el enorme placer de recibir en el estudio de la CCET Radio, la emisora online del Centro Cultural de España en Tegucigalpa,  a Nelson Alonzo y Ritza Palu, del Colectivo Alterna, una red colaborativa —como ellos y ellas mismas la definen— formada por agentes de la cultura en Honduras, guiada por los conceptos de economía solidaria y cuyo principal objetivo es gestionar el desarrollo cultural del país a través de las diferentes expresiones artísticas, sobre todo, no podía ser de otra manera: música.

Así que, sin más ni menos, arrancamos.

Están en casa.

¡Bienvenid@s!

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En La música es la clave de esta semana, con Adrián Bernal al guión y al micro y German Barahona en la mesa de sonido, aprovechando su paso por el Centro Cultural de España en Tegucigalpa para el toque del sábado 23 de junio tuvimos la suerte de contar en la CCET Radio con la presencia de Vieja y Dros, guitarra y voz, respectivamente, de la banda salvadoreña Adhesivo, con quienes platicamos sobre sus trabajos, su trayectoria, sus planes y, claro está, su música.

Sin más ni menos arrancamos.

¡Bienvenid@s al ska de la gente!

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Se llamaba Rodney King, y se murió este domingo pasado. No era un gran tipo, en realidad. Tampoco necesariamente un mal tipo, quiero decir, tuvo una vida difícil y todo eso pero, vamos, nada que ver con Malcom X, con el reverendo King, con Rosa Parks, con Angela Davis, con Mumia… Nada que ver… Y aún así se convirtió en un símbolo, cuando su único logro fue tener la mala suerte de toparse con aquellos chepos racistas. Rodney King no era un gran tipo, es cierto, ya lo sé, tenía antecedentes por robo con violencia, conducción bajo los efectos del alcohol y otras cosas. No era un gran tipo, pero si lo comparas con otros tipos, repito. Con tipos y tipas muy grandes. Rodney King era un hombre que vivió como casi todo el mundo, como pudo, como le permitió este sistema que asfixia a los de abajo, después de todo. No era tan diferente de vos, o de mí. Ya había cumplido su condena ¿no? Y, vale, la cagó aquella noche: no hizo caso de las señales de la policía, se saltó semáforos, tal vez iba tomado… ¿Pero justifica eso la paliza que le pegan? He visto el vídeo, hermano, le revientan a palos, le meten descargas eléctricas, le hacen mierda. Y un chaval lo graba todo. Y aún así en el juicio, al año siguiente, un jurado compuesto únicamente por blancos rechaza todas las acusaciones de abuso de autoridad, uso excesivo de la fuerza o agresión racista de la fiscalía, y de la opinión pública, sobre los policías, todos igualmente blancos, menos un hispano. Y cómo no iba a convertirse en símbolo Rodney King, después de aquello. Después de aquello el sur de la ciudad de Los Ángeles se incendia como pocas veces había visto la sociedad estadounidense. Se incendia con la chispa de la paliza a Rodney King y el fuego se alimenta con el odio de siglos de racismo, de esclavitud y de pobreza; y tanto el odio como el fuego, una vez prenden, no entienden ya nada de reivindicaciones o de política, simplemente queman y devoran, hasta que no queda nada, ni siquiera ellos mismos.

En el programa de esta semana de La música es la clave, tomando como punto de partida el reciente fallecimiento, el pasado domingo 17 de junio, de Rodney King, aquel taxista negro apaleado por la policía de Los Ángeles, Estados Unidos, el 3 de marzo de 1991, revisamos, como siempre con la música como hilo conductor, los importantes disturbios que tuvieron lugar en esta ciudad californiana, especialmente en los barrios pobres, guetos azotados por el desempleo y la pobreza, sobre todo durante la dura crisis económica de los años ’80, y por un racismo y una brutalidad policial seculares; revisamos, pues, aquellos disturbios que estallaron de forma incontrolable, durante algunas semanas al menos, el año siguiente a aquella paliza, como consecuencia de un fallo judicial que dejaba absolutamente impunes a todos los implicados.

Así que, sin más ni menos, arrancamos.

Bienvenid@s a aquel 29 de abril de 1992.

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